Hace diez días, miles de argentinos salieron a las calles a exigir que se los escuche, que se los tenga en cuenta, que se los considere ciudadanos del país. Parece que hubiera pasado mucho más tiempo, pero la realidad es que fue ayer.
El grosero espectáculo en la puja distributiva de espacios por colocar carpas en la plaza frente al Congreso distrajo la atención de lo que debería ser el eje central del debate. En las comisiones y en los bloques el tema de las retenciones está siendo hablado y no discutido a fondo. Más gritos que análisis, sin que nadie escuche al que piensa diferente.
Esta consideración es para las dos partes en conflicto, pero debe achacarse mucho más al oficialismo que intenta mantener su dureza en el recinto parlamentario.
El Congreso es el lugar por excelencia para la discusión de los grandes temas nacionales y ésta es la gran oportunidad de poder ver a los Diputados y Senadores de la Nación en acción. Algunos tratarán de hacer sus cumplidos, bajo orden y amenazas del Partido gobernante con el ojo histérico de los bufones K. Otros, intentarán reflexionar acerca de las consecuencias de instalar en la sociedad la división que genera aplicar la medida que ha iniciado el desmoronamiento del proyecto K en su conjunto.
El debate sirve siempre y cuando genere nuevas ideas, tenga opinión autorizada en sus interlocutores y propicie desde esas discusiones, políticas que superen a las actuales.
El grave error del Gobierno actual (mejor dicho 'burrada') en su intención de aplicar por la fuerza y por capricho el aumento confiscatorio de las retenciones es indefendible desde todo punto de vista.
Arruina a los productores pequeños y medianos y también a los grandes, cierra mercados internacionales, retrasa la aplicación de tecnología en la actividad, derrumba las economías regionales, destruye la agroindustria, paraliza la comercialización a futuro, genera incertidumbre entre grandes inversionistas y propicia el desánimo en todos los sectores ligados a la producción primaria. ¿Qué más puede necesitar un legislador para darse cuenta que está frente a una resolución que es un dispatare?
Demás está comentar las consecuencias no deseadas de la aplicación de tal dislate. Ya mucho se habló y mucho tambien se mintió.
Estamos en manos del Congreso para saber si las soluciones comienzan a aparecer, pero no hay que olvidarse que el Ejecutivo es el que originó esta crisis cuyas consecuencias aún no se conocen a ciencia cierta.
También estamos en manos de la esquizofrencia K, y aunque ahora se 'acovachen' en un silencio imitación inocencia, sabemos que tarde o temprano volverán a mostrar sus dientes. Y en medio de la reconstarucción del diálogo aparecerán juntos emulando aquellos momentos desopilatntes de los 'Tres Chiflados' queriendo empapelar una pared. Tienen todos los elementos para hacerlo de la mejor manera, pero son los 'Tres Chilfados'...y nada harán bien.
miércoles, 25 de junio de 2008
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