Hace mucho que no escribo. No es que la situación del país haya cambiado y no encuentre motivación, sino por el contrario.
Esta noche juega su segunda final de la Copa Sudamericana mi adorado Estudiantes de La Plata en la ciudad de Porto Alegre, Brasil y quiero dejar escrito aquí lo que siento desde este lugar, que es una mezcla de pasión, ganas, algo de locura y mucho amor por los colores.
Aprendí a querer a Estudiantes cuando llegué a La Plata en 1983. El primer partido que ví sólo en una cancha de fútbol de AFA fue en el famoso choque con Vélez en 1 y 57 con el gol de cabeza de José Luis Brown que nos dejó a un paso del Campeonato Metropolitano 1982. Desde ese momento y sentado en la plateíta que estaba detrás del arco de 55, miraba casi con adoración a la gente enloquecida con la victoria y esa hinchada que parecía se caería encima mío. Esos momentos me marcaron para siempre.
Tanta huella dejaron como para que hoy, más de 25 años después esté casi temblando de los nervios cuando faltan horas para la gran final en Brasil.
Los hinchas vivimos muchas cosas en todo este tiempo, muchas de ellas difíciles, duras y otras con miel de victoria, con gloria y grandeza, lo que distingue al equipo campeón de la ciudad.
Hay miles de 'pinchas' en Brasil esperado entrar al Beira-Río para vivir su noche gloriosa. Yo no sé cómo haré para contener mi ansiedad. Hoy a las 7 estaba desvelado, soñé que ganábamos dos a cero, pero el rival tenía la camiseta de Racing, no la roja del Internacional de Porto Alegre. Cosa rara, pero ojalá sea un presagio.
Me levanté y me puse la camiseta 11 de Verón. Es la que Estudiantes usó en el Clausura 2007, recién salido campeón. De cábala, para los partidos trascendentes la tengo todo el tiempo conmigo o cerca. En la Copa no la usé, ya que contra Argentinos Juniors y los brasileños la dejé en el auto. Miré televisión de a ratos y en Fox siguen los pasos de los jugadores y cuerpo técnico. La gente 'pincha' está copando el hotel de Estudiantes y me enteré que 200 ómnibus y 2.500 autos formaron la caravana albirroja hacia Porto Alegre.
Tengo ganas de estar ahí. De vivir esos nervios únicos antes de entrar al Estadio, de ponerme la camiseta e inflar el pecho para salir a la cancha. Aplaudir a rabiar a los once que entran y silbar al rival. Gritar en cada jugada y sentirme visitante. Sentirme lejos de casa, pero amparado y contenido solamente por Estudiantes. Está bueno ser visitante. Dicen que las hinchadas que más gritan son las visitantes, claro, son las que están lejos y se hacen sentir. Que bueno estar allá. Miles con la camiseta puesta contra 50 mil con otro grito y queriendo festejar por anticipado.
Desde Buenos Aires habrá que sufrir y esperar. Es difícil, muy complicado. El rival es digno, es decir, muy buen equipo y tiene todo para ganar y tener su propia fiesta. Pero enfrente hay algo que pocos o casi nadie tienen: la mística.
¿Qué es la mística?, ¿ómo se percibe?, ¿cómo se conoce?, ¿cómo se ve?.
Mística es respirar gloria, mirar los colores y emocionarse y gritar. Es vivir un estado único de amor y adoración por al camiseta que hace que cada uno de los miles de hinchas estén conectados entre sí por el mismo espíritu de victoria y de sacrificio y amor por lo mismo.
Místico es el aire que se respiró en toda la final de La Plata, aunque perdimos uno a cero. Ver el color de las tribunas, el festejo, la alegría, el apoyo, las ganas, la emoción de viejos, el llanto de nenes, los chicos, los jóvenes, las mujeres, las chicas, toda la familia vestida igual y todos a tras de un ideal. Eso es mística. Ese silencio en un penal, ese silencio para tener energias en el griterio de la salida del eqiupo. Mïstica es el grito de 'Estudiaaaa...' cuando la cosa va mal. Es grito y aplauso de veneración a Juan Sebastian Verón cada vez que va a patear un tiro libre o un córner. Mística es ese aire de gloria que solamente hace respirar Estudiantes.
Mística es estar todo el día con la cabeza en la Final, todo el tiempo soñando con la décima estrella. Mística es sentirse ganador aunque la cuesta sea dura y aunque el desafio sea el más dificil de todos.
Mística es dar la vida por los colores, y a pesar de los nervios, el rival, la necesidad de ganar, las peripecias en Brasil, y lo dificil que será ganar, acá estoy con las pulsaciones aceleradas y, con la ilusion y el sueño de festejar una nueva Copa.