jueves, 11 de diciembre de 2008

Comer, dormir. Comer, dormir

Qué tema el de las cábalas. Funcionen o no, siempre aparecen, máxime si la situación a resolver es de riesgo o de potencial angustia. A pesar de quedar tan cerca de la coronación el último 3 de diciembre, el arsenal de amuletos, movimientos, y señales cabuleras encontró su panacea.

Camiseta roja y blanca sobre la cama. Luz apagada. Cambiar de lugar si hay gol contrario. Cambiar de posición (sentado o parado). Mirar el partido por televisión sin audio. En los córners o centros peligrosos en contra no seguir la jugada, sino seguir a la pelota con mirada fija en ella. Cruzar dedos cuando avanzan los rivales. Si uno está parado seguir la jugada con movimientos de pies. No usar ropa azul. Repetir ropa interior de un partido ganado. No tirar entradas de partidos ganados. Lavar la camiseta usada en un partido con derrota. Usar dias anteriores ropa roja y/o blanca. Imagen de la Virgen del Rosario sobre escudo de Estudiantes. Hacer zapping y saltear imágenes de contrarios hablando o jugando. Ganando con ganas de ir al baño, no ir hasta el final. Tocar el escudo con las manos en cada avance. Besar las estrellas del escudo en situaciones comprometidas a favor, nunca en contra. Dejar las luces encendidas tal como estaban cuando empezó el partido. No atender llamadas. No comer, no dormir, no bañarse, no tomar nada mientras se juega. No cambiar nada de lo que estaba establecido en el lugar del partido. Viajar a la misma hora, por el mismo itinerario. Intentar la misma tribuna. El mismo asiento o sector. No mirar la hora cuando empieza el partido. No ira al baño en medio del partido. Tener siempre a mano la camiseta roja y blanca.

Y ante el dolor de una derrota la fórmula de Carlos Bilardo: comer, dormir, comer domir...

jueves, 4 de diciembre de 2008

DUELE MAS

-'Duele más que perder, haber estado tan cerca de ganar'...

Víctor Hugo Morales resumía con esa frase el sentimiento del momento. Invierno de 2006. Hacía segundos terminaba la serie de penales que dejaba afuera a la selección Argentina en el Mundial de fútbol de Alemania contra el equipo local. Desazón interminable. Consuelo perdido, angustia que no se va.

-'Duele más que perder, haber estado tan cerca de ganar'...

La burbuja se pinchó en un instante y los cinco minutos finales estuvieron demás. La angustia contenida durante el partido y el alargue estalló rompiendo el alma y los ojos empezaron a mirar sin ver. Estudiantes quedó a un paso de la hazaña en Brasil y contra el encumbrado Internacional estuvo a metros de la llegada con final feliz. No se pudo. Se intentó con piel, corazón, garra y mística. No se ganó la Copa, aunque se ganó el partido y se ganó la admiración de propios extraños por la muestra de entrega y amor por los colores.

Hay días en los que uno no tiene ganas ni siquiera de abrir los ojos. No por sueño. Es para no volver en sí, para no enfrentar la realidad de una derrota golpeándote en cada latido. Sé que para muchos esto que leen será exagerado. Posiblemente lo sea, no está en discusión. Pero lo que se siente como hincha luego de haber dejado la vida en Brasil y no traer nada es así, una profunda tristeza, desazón, impotencia y el nudo en la garganta que se mantiene inamovible.

'-Comer dormir, comer dormir, y pasa'...

Carlos Salvador Bilardo aplica esa fórmula para aguantar angustias futboleras como ésta. No sé si en este caso dará resultado. Por sus cálculos en dos días esto tiene que olvidarse. Difícil. No digo imposible porque esa palabra no existe para los 'pinchas', pero el dolor permanece y no se va aunque lo echen.

Parecía que sólo un milagro nos iba a salvar en el amanecer del partido. De a poco Estudiantes fue haciendo pié y le encontró la manera de jugarle al 'cuco' rojo del Brasil que empezó a sentir el rigor y la presión de ser local. El segundo tiempo nos encontró listos para el ataque y llegó el gol por medio del hincha-jugador Agustín Alayes. De ahí en mas pensé siempre que el partido estaba para ganarlo. Los hechos lo demostraron y las llegadas hilvanadas con buen toque de pelota maduraban la hazaña. Pero no se dió. Llegó el final. Partido ganado, racha perdida para Inter pero la agonía del alargue había que afrontarla sin Juan Sebastián Verón que ya no daba más. Había muchos que no daban más y eso empezó a notarse.

La anécdota del gol de Nilmar es eso. Una anécdota dolorosísima que nos privó de ganar una nueva Copa, la décima estrella y tocar otra vez el cielo, y toda la gloria. Merecimos ganarla, no hay dudas. En Brasil, y en el partido más relevante estuvimos a la altura del campeonato. Quizás la serie la perdimos jugando tan mal acá en La Plata, pero la tristeza igual no se va. No se irá por un tiempo. La imagen borrosa de la volada de Mariano Andújar salvando el cabezazo que después es gol no se va de mi cabeza. Con esa foto en mi mente me desvelé hoy y se me vino el mundo encima. La angustia permanece. Ya comí. Me falta dormir. Comer y volver a dormir, como dice Bilardo. ¿Y si no alcanza?

Cuánto duele perder así. No se puede disimular, aunque de pie se aplaudan a los jugadores, aunque las manos queden rojas de tanta ovación y la garganta sin sonido de tanto grito para quienes dejaron todo en el Beira-Río, la espina segurá un tiempo ahi, en donde más duele. En el alma.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

LA VIDA POR LOS COLORES

Hace mucho que no escribo. No es que la situación del país haya cambiado y no encuentre motivación, sino por el contrario.

Esta noche juega su segunda final de la Copa Sudamericana mi adorado Estudiantes de La Plata en la ciudad de Porto Alegre, Brasil y quiero dejar escrito aquí lo que siento desde este lugar, que es una mezcla de pasión, ganas, algo de locura y mucho amor por los colores.

Aprendí a querer a Estudiantes cuando llegué a La Plata en 1983. El primer partido que ví sólo en una cancha de fútbol de AFA fue en el famoso choque con Vélez en 1 y 57 con el gol de cabeza de José Luis Brown que nos dejó a un paso del Campeonato Metropolitano 1982. Desde ese momento y sentado en la plateíta que estaba detrás del arco de 55, miraba casi con adoración a la gente enloquecida con la victoria y esa hinchada que parecía se caería encima mío. Esos momentos me marcaron para siempre.

Tanta huella dejaron como para que hoy, más de 25 años después esté casi temblando de los nervios cuando faltan horas para la gran final en Brasil.

Los hinchas vivimos muchas cosas en todo este tiempo, muchas de ellas difíciles, duras y otras con miel de victoria, con gloria y grandeza, lo que distingue al equipo campeón de la ciudad.

Hay miles de 'pinchas' en Brasil esperado entrar al Beira-Río para vivir su noche gloriosa. Yo no sé cómo haré para contener mi ansiedad. Hoy a las 7 estaba desvelado, soñé que ganábamos dos a cero, pero el rival tenía la camiseta de Racing, no la roja del Internacional de Porto Alegre. Cosa rara, pero ojalá sea un presagio.

Me levanté y me puse la camiseta 11 de Verón. Es la que Estudiantes usó en el Clausura 2007, recién salido campeón. De cábala, para los partidos trascendentes la tengo todo el tiempo conmigo o cerca. En la Copa no la usé, ya que contra Argentinos Juniors y los brasileños la dejé en el auto. Miré televisión de a ratos y en Fox siguen los pasos de los jugadores y cuerpo técnico. La gente 'pincha' está copando el hotel de Estudiantes y me enteré que 200 ómnibus y 2.500 autos formaron la caravana albirroja hacia Porto Alegre.

Tengo ganas de estar ahí. De vivir esos nervios únicos antes de entrar al Estadio, de ponerme la camiseta e inflar el pecho para salir a la cancha. Aplaudir a rabiar a los once que entran y silbar al rival. Gritar en cada jugada y sentirme visitante. Sentirme lejos de casa, pero amparado y contenido solamente por Estudiantes. Está bueno ser visitante. Dicen que las hinchadas que más gritan son las visitantes, claro, son las que están lejos y se hacen sentir. Que bueno estar allá. Miles con la camiseta puesta contra 50 mil con otro grito y queriendo festejar por anticipado.

Desde Buenos Aires habrá que sufrir y esperar. Es difícil, muy complicado. El rival es digno, es decir, muy buen equipo y tiene todo para ganar y tener su propia fiesta. Pero enfrente hay algo que pocos o casi nadie tienen: la mística.

¿Qué es la mística?, ¿ómo se percibe?, ¿cómo se conoce?, ¿cómo se ve?.

Mística es respirar gloria, mirar los colores y emocionarse y gritar. Es vivir un estado único de amor y adoración por al camiseta que hace  que cada uno de los miles de hinchas estén conectados entre sí por el mismo espíritu de victoria y de sacrificio y amor por lo mismo.

Místico es el aire que se respiró en toda la final de La Plata, aunque perdimos uno a cero. Ver el color de las tribunas, el festejo, la alegría, el apoyo, las ganas, la emoción de viejos, el llanto de nenes, los chicos, los jóvenes, las mujeres, las chicas, toda la familia vestida igual y todos a tras de un ideal. Eso es mística. Ese silencio en un penal, ese silencio para tener energias en el griterio de la salida del eqiupo. Mïstica es el grito de 'Estudiaaaa...' cuando la cosa va mal. Es grito y aplauso de veneración a Juan Sebastian Verón cada vez que va a patear un tiro libre o un córner. Mística es ese aire de gloria que solamente hace respirar Estudiantes.

Mística es estar todo el día con la cabeza en la Final, todo el tiempo soñando con la décima estrella. Mística es sentirse ganador aunque la cuesta sea dura y aunque el desafio sea el más dificil de todos.

Mística es dar la vida por los colores, y a pesar de los nervios, el rival, la necesidad de ganar, las peripecias en Brasil, y lo dificil que será ganar, acá estoy con las pulsaciones aceleradas y, con la ilusion y el sueño de festejar una nueva Copa.