martes, 27 de octubre de 2009

EL JUGUETE DE CARLA


El siguiente es un breve ensayo acerca de la justicia, luego de algunas observaciones del premio nobel Amartya Sen quien desde el pensamiento económico retorna la idea del bienestar general y discute sobre una sociedad justa.

Desde Aristóteles hasta nuestros días la justicia ha sido la virtud más preciada porque engloba a las demás virtudes. Hoy muchos hablan de justicia en diferentes escalas, pero muy pocos saben qué es la auténtica justicia. Este concepto puede ser entendido en un sentido amplio ya que la virtud de la justicia abarca las demás virtudes cardinales y en cierta medida también las teologales. Y en un sentido estricto que no se refiere tanto a quien la ejercita, sino a la aplicación de la virtud en los demás. Es la satisfacción del derecho ajeno. Por eso es justo dar a cada uno lo suyo y esto constituye un acto que perfecciona al que lo realiza.
El economista, filósofo y premio Nobel indio Amartya Sen sostiene que no hay arreglos institucionales que puedan ayudarnos a resolver la disputa de tres niños por la propiedad de un juguete, una flauta, de una manera justa aceptada universalmente.
Las ideas de lo que constituye una ‘sociedad justa’ no nos ayudarán a decidir sobre quién debe quedarse con la flauta: Ana, porque es la única que sabe tocarla, Bob porque es pobre y no tiene juguetes o Carla porque trabajó para obtenerla. Lo que realmente nos permite resolver la disputa es el valor que le damos a la búsqueda de la realización humana, la eliminación de la pobreza y el derecho a disfrutar los productos del propio trabajo. Quien se queda con la flauta depende de la filosofía de justicia que uno tenga, pero la justicia no es un ideal monolítico sino una noción pluralista con muchas dimensiones.
Siguiendo los lineamientos de Santo Tomás de Aquino definimos a la justicia como ‘el hábito por el cual, con perpetua y constante voluntad, es dado a cada uno su derecho’, es decir que, en un análisis, se inclina a reconocer y dar a cada uno su derecho, o sea, lo que a cada uno corresponde como suyo, lo que se merece, ni más ni menos’.
Pero existe una consideración importante para entender la idea sostén, y es del filósofo musulmán al-Razi al afirmar que ‘la adquisición del conocimiento y la práctica de la justicia’ van de la mano. Junto con la críticas de Sen a las teorías de la justicia que excluyen por definición a los pobres o las cuestiones de injusticia global que no hacen más que perpetuar la injusticia, la idea de Sen es un enfoque de la justicia basado en la realización humana que se concentra en la conducta real de la gente y sus resultados efectivos.
La justicia es un valor permanente en una sociedad. Pero esta sociedad está en constante evolución y sus integrantes, la gente común, varía en sus comportamientos y sus ideas de acuerdo con el avance o retroceso de ciertas pautas culturales que dependen invariablemente de la influencia de la instrucción y educación que reciban. Es decir, justicia como valor inalterado, en una sociedad en permanentes cambios y con variaciones de acuerdo con ideas globalizadoras que se traducen en más, o menos educación, más, o menos inclusión, más, o menos pobreza.
Todo está clasificado en una sociedad que cambia, por lo tanto es difícil decir qué cosa está bien y qué cosa está mal porque en un contexto diferente las cosas pueden ser también diferentes. Los valores permanecen a través del tiempo, pero son las sociedades en su conjunto las que alteran su orden y su valoración social. La degradación de una escala lógica de ‘premios y castigos’ debilita la idea de justicia. La aplicación de esta escala es la traducción pragmática de una idea de justicia que debería tener mayor influencia en la sociedad actual. Sin premios ni castigos, se hace difícil sostener una idea inicial de ‘justicia’. Mucho menos cuando se satura a la sociedad con términos como ‘justicia por mano propia’, ‘justicia social’, justicia distributiva’, ‘justicia independiente’. Precisamente al no existir una idea fortalecida de la justicia como valor esencial de una sociedad cambiante y dinámica, la ‘justicia por mano propia’ no actúa como tal, la ‘justicia social’ no apunta a lo social sino al clientelismo político, la justicia ‘distributiva’ es generadora de más pobreza y la justicia ‘independiente’ es aquella que depende del poder.
En medio de este complejo panorama, suponiendo que los tres niños tienen que afrontar la decisión acerca de la flauta en una sociedad con valores tan debilitados como la actual, sigue siendo ‘justo’ que Carla sea quien reciba el instrumento porque es fruto de su trabajo. Marco teórico puro, que en la realidad sería discutible ya que la justicia distributiva apuntaría a Bob (porque no tiene juguetes) y la justicia ‘por mano propia’ se la otorgaría a Ana (única quien sabe tocarla).
La importancia del marco social no debería transformar el valor supremo de justicia como virtud más preciada. La degradación de la misma como valor esencial de una sociedad está acompañada por una débil educación que, lejos de apuntar a la riqueza intelectual y moral de la sociedad, aplasta ideales básicos y educa para perpetuar la injusticia. Como refirió al-Razi el conocimiento y la justicia van de la mano. Sin educación no habrá justicia y con una sociedad empobrecida, moralmente desorientada, y valorada solamente como presa del poder de turno, la justicia estará cada día más lejos de aquel ideal de Aristóteles. Por más que nos parezca que Carla sea poseedora de los derechos de aquel juguete, se le haría muy difícil hacerlo valer en una sociedad como la actual.

jueves, 1 de octubre de 2009

HASTA QUE PASE EL TEMBLOR...

Octubre en Japón es otoñal y triste. La noche llega rápido, y el frío empieza a notarse cuando se esconde el sol débil que además es tapado por la bruma permanente. Sin embargo el tiempo de aquel viernes era una excepción. Estabamos en Suzuka, para el Gran Premio de Japón de Fórmula 1 de 2000. El día era soleado y con una temperatura agradable. Distinto había sido toda la semana cuando arribamos para conocer el espectacular autódromo de japonés.Luego de la primera tanda de ensayos libres llegó el horario del almuerzo. Todos los equipos llevaban sus propias dietas y los cocineros tenían a mano materias primas llevadas desde Europa o compradas en el viaje. Ese día, con mi compañero Víctor Pérez Seara, decidimos comer en el 'hospitallity' del equipo Minardi. Los italianos nos trataban como si fuéramos del equipo y mas allá de tener a Gastón Mazzacane como piloto nosotros la pasábamos como si fuera nuestro propio lugar en el exquisito mundo de la Fórmula 1.El menú de ese viernes era simple. Fideos blancos, con un saltadito de ajo, aceite de oliva y queso con un generoso bife de lomo cocinado a la plancha, como si fuera hecho en un bodegón de Buenos Aires. Minardi, para esa época era un paraíso gastronómico. Mientras almorzábamos con los compañeros de Cadena 3 de España, Carlitos Míquel era uno de ellos (hoy columnista del diario madrileño AS) en un momento dado empezamos a sentir que literalmente se nos movía el piso. Fue un instante. Pero enseguida observé que también se movían las sillas, las mesas, los cuadros, y las luces...Era una sensación de estar en un barco moviéndose de un lado al otro, pero estábamos en tierra firme. Nos pusimos blancos. Dejamos de comer nuestro manjar. Ni siquiera atinamos a tomar agua. Nos miramos los tres. Se nos movía todo. Era un temblor y empezábamos a darnos cuenta. Miramos a la cocina, y todo nuestro alrededor estaba helado del susto. Nadie abría la boca, pero las cosas seguían moviéndose. Los italianos, los españoles, los ingleses y nosotros. No había distinción. Salvo en un caso. Uno de los cocineros de Minardi era japonés. Uno de los más simpáticos personajes del equipo de ese entonces. Era el único que no habia advertido lo que pasaba. Sonriente como siempre le restó importancia a aquel momento. -'Es un temblor, debe ser importante por que se movió todo' decía, y se reía. No lo poadíamos creer.-'Hay que estar acostumbrado, esto pasa siempre en Japón', agregó otro oriental que comía fideos pero con algo de tuco.Las cosas pronto volvieron a su lugar. Todo se normalizó. El almuerzo quedó sin terminar. Y en unos minutos los motores empezaron a rugir para el segundo ensayo del día. Era la cuenta regresiva del primer título con Ferrari de Michael Schumacher. Y Gaatón Mazzacane intentaba girar veloz con su Minardi que al final lo dejó 15to. en la carrera a dos vueltas del alemán ganador.Al otro día los diarios titularon: '130 heridos y 149 casas colapsadas por un temblor en la provincia de Tottori'. El epicentro fue a unos 400 kilómetros se Suzuka. La ciudad capital de Tottori está a 230 kilómetros del autódromo y la intensidad del temblor fue de 7.3 grados Richter. Recuerdo que ni respiré mientras todo se movía en aquel viernes soleado de Suzuka