Lucio Domitio Claudio Nerón fue proclamado emperador de Roma a los 17 años por la guardia pretoriana. Su reinado duró de 54 a 68 y el primer lustro fue tranquilo. Sería evocado más adelante como uno de los mejores ciclos de la historia del Imperio. Luego, Nerón se convirtió en un tirano desalmado, un déspota delirante que perpetró toda suerte de vilezas y terminó incendiando en el año 64 la ciudad de Roma, caput mundi, para luego rehacerla a su gusto. Esa imagen es reveladora de conductas que se repiten a través de los siglos. Se patentiza en la mirada de Nerón cuando ve cómo se quema, por su propia obra, el patrimonio de todos.
¿Una pesadilla? ¿Un presagio?
Acabo de leerlo en Perfil.com, y en ese párrafo pequeño se patentiza de la mejor forma la manera en que la administración actual está empujando a la Argentina hacia una nueva era de días negros y clima violento.
Como en Buenos Aires se vive de otra manera y se da las espaldas al país verdadero, los medios no tiene la real dimensión de la fractura a la que está llegando la Nación.
Mientras la carne llegue, y la leche aumente sólo unos centavos, y la harina siga alcanzando, los porteños no se darán por enterados de lo que pasa realmente.
Y lo que ocurre es grave. Estamos al límite de la violencia extrema. Llegando irremediablemente al colapso en el que argentinos derramen sangre de argentinos, mientras desde el púlpito el dedo acusador sigue elevado y la garganta emite sonidos casi de cavernas.
Los dirigentes no pueden salir de sus despachos.
El Gobernador de la provincia más poderosa, apenas pudo estar en un par de actos armados en la Matanza y La Plata. Tiene terror de enfrentarse con la realidad que él mismo ayuda a crear.
La Presidenta se recluye en un acto de Puerto Madero para hablar de las bondades del buscador Google, mientras la Iglesia denuncia que el hambre en el país de los alimentos, es 'escandaloso'.
En mi ciudad, Benito Juárez, luego de muchos años de trabajo, gasto y esfuerzo se terminó la construcción del edificio de la Escuela Media nro. 3 , la secundaria más grande del distrito. El acto de inauguración era el 23 de mayo. Un día antes las autoridades provinciales lo postergaron por problemas de agenda. Tienen miedo de verle la cara a la gente de los pueblos, a la gente de las ciudades, a la gente del campo. No pueden elevar su mirada porque les falta dignidad.
Y tratándose de un reclamo precisamente por la dignidad, juegan con ser políticos, en actos llenos de laderos y extras pagos, como en los programas de televisión.
Es real, no necesitan leerlo. Sólo se necesita mirar los actos por televisión para quedar azorado frente a la imagen del desprecio por la realidad y la ignorancia en su máxima expresión.
No creen ni ellos mismos los discursos. No creen ni ellos mismos los aplausos, y saben que a menos de cien kilómetros del palco en donde se sientan con sus amigos y obsecuentes, el país está a punto de entrar en llamas.
La foto del Ministro del Interior con un puñado de Intendentes de ciudades de Buenos Aires es lapidaria. Es el cuadro que faltaba para reconocer a los que dan la espalda a los reclamos por dignidad, vendiendo su propia dignidad. Son quienes tienen miedo de no ser tibios, y no tener espaldas para jugarse por la gente que los ve todos los dias en su pueblo, en su casa, en sus calles.
Explicar lo inexplicable es perder tiempo.
Prefiero en mi próxima nota empezar a pensar en la Argentina que viene y en el país que nos van a dejar quienes hoy están imitando de la manera más perfecta a Nerón en el nuevo Imperio del siglo 21 que quieren sostener, pero que caerá por su propio peso.
viernes, 6 de junio de 2008
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