jueves, 10 de julio de 2008

EL PESO DE LA TRANSA

Las decisiones parecen estar tomadas en la mayoría de los Senadores que desde la semana que viene estarán debatiendo en el Parlamento lo que ya parece sentenciado. La deformada Resolución 125 que pasó por Diputados y que recibió retoques y modificaciones, ahora está bajo tratamiento de la Cámara alta y aunque los razonamientos tienen mejor base y argumentos, las opiniones parecen inclinarse en una apretada mayoría por quienes creen que hay que apoyar la medida que viene de la Cámara baja. Así funciona la democracia y así debió haber funcionado siempre y mucho antes de que estallara este conflicto que tiene a la economía frenada y al Interior en ascuas y a punto de volver a estallar.

Se escuchó decir, se comentó y se conoció, que muchos Diputados fueron presionados y premiados y, bajo promesas de todo tipo (incluyendo la baja en los impuestos a las peras y manzanas), cambiaron su voto final, en la interminable sesión de la semana pasada cuando por 7 votos el oficialismo hizo prevalecer su engendro de Resolución, pasada a Ley.

Ahora pasa lo mismo con los Senadores, que son menos, y que no parecieran menos permeables a las tentaciones de la billetera y de los acomodos políticos futuros. Pareció que en vez de ponerse en funcionamiento el mercado a término de la soja, lo que verdaderamente anduvo sobre rieles fue el mercado a término de puestos y acomodos en lugares ejecutivos y de gobierno.

La lupa hoy está sobre el lobby que a favor del poder central ejercen centenares de militantes pesados y funcionarios. Lo mismo que entidades ruralistas, intermedias, y numerosos grupos de intendentes del interior golpeando puertas para ser escuchados.

Hay un clima de descreimiento general y de escepticismo acerca de la actituid de muchos legisladores que estàn 'dudando' acerca de su voto. Ofrecimientos, cargos a futuro, aportes del Tesoro y demás, engrosan la lista de recompensas por un voto oficialista. Las chequeras arden. Y los ojos del ciudadano común observan con perplejidad, pero desde afuera, cómo un sistema de alianzas, lobbys, acuerdos y transacciones en lo político sobrevive y no solamente eso, sino que da muestras de buena salud en casos de extrema urgencia democratica.

¿De quién es la culpa? De todos en una cuota parte. De quienes votamos a muchos Diputados impresentables, de militancia patotera, vírgenes de proyectos, sin ideas propias y con un enanismo intelectual que quedó en evidencia en muchos discursos. También la culpa es de los mismos funcionarios, jóvenes o viejos, que imitando prácticas históricas persisten en un sistema de premios y castigos basado en el poder económico pra uso personal, partidario, o corporativo. Si bien los responsables son en parte los ciudadanos al no poner en cuenta qué tipo de gente elige, al igual que la conducta irresponsable y divorciada de sus ideales por parte de los legisladores, lo cierto es que el gran culpable de este entramado es el mismo sistema, sostenido por la clase política que hoy más que nunca se resiste a cambiar de metodos y prácticas.

El cavernismo, la política del palo, la prevenda y la sumisión económica prevalecen por encima de lo que debería ser una nueva era de entendimientos globales, políticas comunes, y ejercicio pleno de la República. Nada más alejado de eso, que los oscuros pasillos del Parlamento, en la noche y madrugada de la votación en Diputados, en donde chillaban celulares y llovian jugosas y tentadoras promesas.

Néstor Kirchner cuando llegó al gobierno, gracias a la deserción de Carlos Menem, prometió lavar la cara a la política 'de antes'. No lo hizo, y mintió siempre. Mauricio Macri tomó ese mensaje y es poco lo que se vé en concreto. Cristina Fernández llegó con la falsa promesa de mejorar lo del presidente anterior y duró menos que una siesta, dejando al país al borde del colapso e ingobernable.

Siguen las patotas, siguen los politicos incapaces, los discursos plenos de ingorancia, los aprietes, la soberbia y el grito setentista. Nada ha cambiado en el sistema político de la Argentina, y no podemos cuplar solamente a los cuerpos legislativos, porque ellos mismos son parte y víctimas de un modelo vetusto, inservible para la era moderna y que tanto mal le está haciendo al país.

Un voto más, un voto menos no hacen a la cuestión de fondo. La clase gobernante no muestra la más mínima capacidad para representar a la mayoría de los ciudadanos comunes. La culpa es nuestra, por permitirlo. Por votarlos y por no comprometerse y comprometerlos a hacer cumplir sus promesas. Falsas, y vaciadas de ideas, porque hoy una idea no sirve, sino lo que pesa en el momento de un voto es la transa. 

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