jueves, 17 de julio de 2008

CORAZON Y CABEZA

Se respira otro aire. Existe una sensación de alivio luego de la histórica decisión del Vicepresidente Julio Cobos ante sus pares del Senado. El pueblo acompañó la sesión interminable como si fuera una batalla final, y realmente lo fue. La dimensión de lo que se estaba jugando en los instantes en los que tomó el micrófono Cobos, era por pocos conocida. Con el paso del tiempo sabremos fehacientemente que esos 35 minutos en los que el mendocino habló, fueron un momento histórico, único, justo y lógico en la historia argentina.

El vértigo de los oradores y las exposiciones aumentaron la adrenalina en un recinto que se veía ordenado y en algunos momentos con mucho siencio. Pero ningún silencio fue más fuerte que el que inundaba el Senado cuando dejaba de hablar Cobos en su alocución final. Temblaba, se lo veía atormentado, en una porfía interna entre el deber y el sentir. Entre el mandato y la convicción. Miraba a sus compatriotas que esperaban entredormidos alguna definición. Miraba también a tantos otros que estaban en la vereda opuesta saboreando una falsa victoria que ya se había festejado en las carpas.

La definición era esperada como un gesto tranquilizador. Casi ni se escuchó cuando Cobos dijo: 'mi voto es en contra', con la voz tomada y cortada, hablando para adentro, dolido, pero orgulloso de haber reivindicado su convicción, y su verdadero sentir.

Si los argentinos usáramos la cabeza para pensar y el corazón para sentir, y no mezcláramos tanto los impulsos, los deberes, los mandatos, las ideas y las verdaderas convicciones, es probable que nos iría mucho mejor en el devenir político. El mendocino decidió su voto con el corazón y con la cabeza.

Con el corazón sabiendo que respaldar una resolución como la 125 significaba apretar el gatillo para liquidar las economías del interior, y apagar la vida de la Argentina profunda.

Con la cabeza, porque pensó una y mil veces que la dignidad no tiene precio. Que la convicción no juega en el mercado de las prebendas y de los aprietes.

Pensó en el futuro y en el presente sin dejar de recodar lo que pasó en los últimos cuatro meses de peleas, violencia, insultos y una flagrante muestra de incapacidad política para resolver un tema doméstico que se tranformó en una trampa casi de muerte para el doble comando K.

Cabeza y corazón, definieron un momento histórico. No todos creyeron que cabeza y corazón podrían prevalecer en una discusión parlamentaria. La siesta de casi cinco años en la que estuvo el Parlamento terminó con una pesadilla para los K, y la tienen merecida.

Lo que viene no será fácil. La ideología de la confrontación y de la pelea no terminará aquí, sino que se exacerbará. La incapacidad y ceguera política no tiene por qué frenarse ahora. El gobierno perdió grandes oportunidades de reivindicación por la perversa idea fija de ganar a cualquier precio. Y la política no es ganar o ganar, porque en cualquier momento el pueblo se da vuelta y con el corazón y la cabeza quiebra un proyecto en el momento menos esperado. 

La Presidente tiene una gran oportunidad, dicen. No la aprovechará. No podrá despegarse de su marido y ambos mostrarán los dientes en cada oportunidad que puedan. Ofendidos por la decisión del Senado, y heridos jugaràn entre víctimas y victimarios. Los bufones del ex presidente, que hacían los deberes festejándole humoradas de mal gusto y aplaudiendo sin saber qué decía, ahora empiezan a esconderse. Desaparecieron los que ponían los dedos en V y amenazaban jugando a los violentos setenta. La gente les dijo basta y no los quiere ver nunca más en un cargo político.

Se van solos. Como en la noche negra de julio frente al Parlamento, cuando sumidos en su impotencia y tragando su propio veneno emprendieron la retirada. Dándole la espalda al Congreso, tal como hicieron siempre con los reclamos genuinos del campo.

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