Qué tema el de las cábalas. Funcionen o no, siempre aparecen, máxime si la situación a resolver es de riesgo o de potencial angustia. A pesar de quedar tan cerca de la coronación el último 3 de diciembre, el arsenal de amuletos, movimientos, y señales cabuleras encontró su panacea.
Camiseta roja y blanca sobre la cama. Luz apagada. Cambiar de lugar si hay gol contrario. Cambiar de posición (sentado o parado). Mirar el partido por televisión sin audio. En los córners o centros peligrosos en contra no seguir la jugada, sino seguir a la pelota con mirada fija en ella. Cruzar dedos cuando avanzan los rivales. Si uno está parado seguir la jugada con movimientos de pies. No usar ropa azul. Repetir ropa interior de un partido ganado. No tirar entradas de partidos ganados. Lavar la camiseta usada en un partido con derrota. Usar dias anteriores ropa roja y/o blanca. Imagen de la Virgen del Rosario sobre escudo de Estudiantes. Hacer zapping y saltear imágenes de contrarios hablando o jugando. Ganando con ganas de ir al baño, no ir hasta el final. Tocar el escudo con las manos en cada avance. Besar las estrellas del escudo en situaciones comprometidas a favor, nunca en contra. Dejar las luces encendidas tal como estaban cuando empezó el partido. No atender llamadas. No comer, no dormir, no bañarse, no tomar nada mientras se juega. No cambiar nada de lo que estaba establecido en el lugar del partido. Viajar a la misma hora, por el mismo itinerario. Intentar la misma tribuna. El mismo asiento o sector. No mirar la hora cuando empieza el partido. No ira al baño en medio del partido. Tener siempre a mano la camiseta roja y blanca.
Y ante el dolor de una derrota la fórmula de Carlos Bilardo: comer, dormir, comer domir...
1 comentario:
Una pena realmente que tus càbalas no hayan dado resultado..
Personalmente tengo que agradecerles ya que gracias a que Vds. perdieron, nosotros entramos en la Libertadores.. Asì es el fùtbol...Contra los brasileros, por supuesto que iba a Vds., pero en èsta, (no te enojes) nos dieron una alegrìa...Alicia de Castelar
Publicar un comentario