-'Duele más que perder, haber estado tan cerca de ganar'...
Víctor Hugo Morales resumía con esa frase el sentimiento del momento. Invierno de 2006. Hacía segundos terminaba la serie de penales que dejaba afuera a la selección Argentina en el Mundial de fútbol de Alemania contra el equipo local. Desazón interminable. Consuelo perdido, angustia que no se va.
-'Duele más que perder, haber estado tan cerca de ganar'...
La burbuja se pinchó en un instante y los cinco minutos finales estuvieron demás. La angustia contenida durante el partido y el alargue estalló rompiendo el alma y los ojos empezaron a mirar sin ver. Estudiantes quedó a un paso de la hazaña en Brasil y contra el encumbrado Internacional estuvo a metros de la llegada con final feliz. No se pudo. Se intentó con piel, corazón, garra y mística. No se ganó la Copa, aunque se ganó el partido y se ganó la admiración de propios extraños por la muestra de entrega y amor por los colores.
Hay días en los que uno no tiene ganas ni siquiera de abrir los ojos. No por sueño. Es para no volver en sí, para no enfrentar la realidad de una derrota golpeándote en cada latido. Sé que para muchos esto que leen será exagerado. Posiblemente lo sea, no está en discusión. Pero lo que se siente como hincha luego de haber dejado la vida en Brasil y no traer nada es así, una profunda tristeza, desazón, impotencia y el nudo en la garganta que se mantiene inamovible.
'-Comer dormir, comer dormir, y pasa'...
Carlos Salvador Bilardo aplica esa fórmula para aguantar angustias futboleras como ésta. No sé si en este caso dará resultado. Por sus cálculos en dos días esto tiene que olvidarse. Difícil. No digo imposible porque esa palabra no existe para los 'pinchas', pero el dolor permanece y no se va aunque lo echen.
Parecía que sólo un milagro nos iba a salvar en el amanecer del partido. De a poco Estudiantes fue haciendo pié y le encontró la manera de jugarle al 'cuco' rojo del Brasil que empezó a sentir el rigor y la presión de ser local. El segundo tiempo nos encontró listos para el ataque y llegó el gol por medio del hincha-jugador Agustín Alayes. De ahí en mas pensé siempre que el partido estaba para ganarlo. Los hechos lo demostraron y las llegadas hilvanadas con buen toque de pelota maduraban la hazaña. Pero no se dió. Llegó el final. Partido ganado, racha perdida para Inter pero la agonía del alargue había que afrontarla sin Juan Sebastián Verón que ya no daba más. Había muchos que no daban más y eso empezó a notarse.
La anécdota del gol de Nilmar es eso. Una anécdota dolorosísima que nos privó de ganar una nueva Copa, la décima estrella y tocar otra vez el cielo, y toda la gloria. Merecimos ganarla, no hay dudas. En Brasil, y en el partido más relevante estuvimos a la altura del campeonato. Quizás la serie la perdimos jugando tan mal acá en La Plata, pero la tristeza igual no se va. No se irá por un tiempo. La imagen borrosa de la volada de Mariano Andújar salvando el cabezazo que después es gol no se va de mi cabeza. Con esa foto en mi mente me desvelé hoy y se me vino el mundo encima. La angustia permanece. Ya comí. Me falta dormir. Comer y volver a dormir, como dice Bilardo. ¿Y si no alcanza?
Cuánto duele perder así. No se puede disimular, aunque de pie se aplaudan a los jugadores, aunque las manos queden rojas de tanta ovación y la garganta sin sonido de tanto grito para quienes dejaron todo en el Beira-Río, la espina segurá un tiempo ahi, en donde más duele. En el alma.
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